MENAGE À TROIS

Todo empezó alrededor de las 21,30 de la noche del martes día 10 de noviembre de 2009. Ocurrió durante el I Congreso de “Lo Mejor de la Gastronomía”, que celebra la Ciudad de Alicante.

 

A una de ellas la había visto antes. Estaba exhibiéndose toda puesta muy segura de sí en la puerta de su casa. Mostraba la atractiva textura de sus apretadas carnes que, a decir verdad, eran muy sugerentes y apetitosas. Su color y su exuberancia y hasta el modo insinuante de presentarse públicamente, la hacían deseable. Tan deseable que hasta me apetecía tocarla allí delante de todo el mundo, y de no ser por tanto mirón que sin duda pensaban lo mismo, lo hubiera hecho. Habría tocado y acariciado con mis manos esa carne tersa y suave a la vez que parecía decir cómeme toda.

 

Su carne tenía tan buen aspecto, ofrecía tanta confianza, me parecía tan sana, tan hermosa y me la imaginaba tan jugosa, tan sabrosa… que quise saber más de ella; de dónde procedía, de qué familia era…

 

Alguien que la conocía bien –al verme tan interesado– me habló de ella, me la presentó, me ayudó a descubrirla y empecé a quererla.

 

El mismo experto me dio a entender que si yo quería, mi disfrute podía ser inolvidable porque podría sentir placer con dos de esos carnosos cuerpos a la vez. Que sentiría el mayor placer de toda mi vida. Yo no podía creerlo.

 

Entonces me presentó a la otra, de la que ya me habían hablado. Quienes la conocían, también me contaron de ella cosas excitantes. Al verla me gustó, tenía buena presencia y pensé: es bella, su color intenso de guinda madura es precioso, huele a frutos rojos, a flores y a mentol. Su cuerpo es perfecto, debe ser fresco y sabroso, qué maravilla. Sin pensarlo un segundo más me senté a la mesa con ella, deseaba catarla ya. Me moría de ganas de saborearla. Pero por cortesía esperé a que estuvieran las dos en la mesa.

 

Con las dos frente a mí, cerré los ojos al percibir sus aromas que me excitaban y me estaban volviendo loco. De pronto, sin poderlo evitar, mordí la carne de una y bebí el líquido de la otra paladeando sus exquisitos sabores, sus jugosas texturas… un inmenso placer gratificaba mis sentidos.

 

Como no podía ser de otra manera, el encuentro con ellas fue perfecto y el maridaje exquisitamente armonizado. Lo que mordí era una sabrosísima carne de vaca de Cárnicas Sáenz, en forma de grandioso chuletón a la brasa. Lo que bebí, un espléndido crianza de Rioja de Bodegas Fernández Piérola.
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Publicado por Antonio Rodríguez, autor del libro de maridajes “La gastronomía del Quijote y 100 recetas con vino”. www.arodri.es

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